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3 Feb 2012
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Catando na igreja Ipvm - SC
24 Mar 2012
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Palabras del legislador nacional por la provincia de Formosa en la reunión entre legisladores, intendentes y productores por las consecuencias de la sequía en la región chaqueña. Reunión que se realizó en la jornada del martes 3 de abril en la ciudad de Charata.
4 Apr 2012
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El Lic. Ricard Anival Ratín se reune conos Gerentes y Jefes ara discutir la situaciñon de la empresa CDP
22 Apr 2012
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20 Jun 2012
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10 Jul 2012
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Ansgar`s run against time
20 Jan 2013
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Tanja´s flashbacks
20 Jan 2013
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1 Feb 2013
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"¿Qué pasa si no me siento salvado?" Respuesta: Esta es una pregunta tan-común entre los cristianos. Mucha gente duda de su salvación por los sentimientos o la ausencia de ellos. La Biblia tiene mucho que decir acerca de la salvación, pero nada que decir acerca de “sentirse salvado.” La salvación es un proceso por medio del cual el pecador es librado de la “ira,” esto es, del juicio de Dios contra el pecado (Romanos 5:9; 1 Tesalonicenses 5:9). Específicamente, fue la muerte de Jesús en la cruz, y Su subsecuente resurrección lo que logró nuestra salvación (Romanos 5:10; Efesios 1:7). Nuestra parte en el proceso de salvación, es que somos salvados por fe. Primero, debemos escuchar el Evangelio – las buenas nuevas de la muerte y resurrección de Cristo (Efesios 1:13). Luego debemos creer – confiar única y totalmente en el Señor Jesucristo (Romanos 1:16) y Su sacrificio. No confiamos en las obras de la carne para alcanzar la salvación. Esta fe – la cual es un don de Dios, no es algo que produzcamos por nosotros mismos (Efesios 2:8-9) – involucra arrepentimiento, un cambio de mentalidad acerca del pecado y Cristo (Hechos 3:19), e invocar el nombre del Señor (Romanos 10:9-10, 13). La salvación resulta en una vida transformada, a medida que comenzamos a vivir como una nueva creación (2 Corintios 5:17). Vivimos en una sociedad orientada a las emociones, y lamentablemente, eso se ha extendido a la iglesia. Pero los sentimientos no son confiables. Las emociones no son confiables. Éstas fluyen hacia arriba y hacia abajo, como las mareas en el mar, que arrastran todo tipo de algas marinas y escombros que son depositados en la orilla, para luego volver a salir, erosionando el terreno donde nos encontramos y arrastrándolo nuevamente mar adentro. Tal es el estado de aquellos cuyas emociones gobiernan sus vidas. Las circunstancias más simples – una jaqueca, un día nublado, una palabra irreflexiva dicha por un amigo – pueden erosionar nuestra confianza y llevarnos “mar adentro” en un arrebato de desesperación. La duda y el desánimo, particularmente acerca de la vida cristiana, son el inevitable resultado al tratar de interpretar nuestros sentimientos, como si éstos fueran confiables. No lo son. Pero el cristiano que está prevenido y bien armado, es una persona que no se rige por sentimientos, sino por la verdad que conoce. Él no se basa en sus sentimientos para probar nada. Depender de los sentimientos es precisamente el error que la mayoría de la gente comete en la vida. Ellos son tan introspectivos, que se obsesionan con ellos mismos, analizando constantemente sus propios sentimientos. Éstos son aquellos que están continuamente cuestionando su relación con Dios. “¿Realmente amo a Dios?” “¿Realmente Él me ama?” “¿Soy lo suficientemente bueno?” Lo que realmente necesitamos hacer es dejar de pensar en nosotros mismos, de concentrarnos en nuestros sentimientos, y redirigir nuestra atención hacia Dios y la verdad que conocemos acerca de Él por medio de Su Palabra. Cuando somos controlados por sentimientos subjetivos centrados en nosotros mismos, en vez de por una verdad objetiva centrada en Dios, vivimos en un constante estado de derrota. La verdad objetiva se centra en las grandes doctrinas de la fe y su relevancia para la vida: la soberanía de Dios, la intercesión de sumo-sacerdote de Cristo, la promesa del Espíritu Santo, y la esperanza de la gloria eterna. Entendiendo estas grandes verdades, centrando nuestros pensamientos en ellas, y repasándolas en nuestra mente, nos permitirá razonar a partir de la verdad, en todas las pruebas de la vida, y nuestra fe será fuerte y vital. Razonando sobre lo que sentimos acerca de nosotros mismos – en vez de lo que sabemos acerca de Dios – es el camino más seguro para la derrota espiritual. La vida cristiana es morir a uno mismo y levantarnos para “andar en una nueva vida” (Romanos 6:4), y esa nueva vida está caracterizada por pensamientos acerca de Aquel que nos salvó, no pensamientos acerca de sentimientos de la carne muerta que ha sido crucificada con Cristo. Cuando estamos pensando continuamente en nosotros mismos y nuestros sentimientos, estamos esencialmente obsesionados acerca de un cadáver, lleno de podredumbre y muerte. Dios prometió salvarnos, si venimos a Él en fe. Él nunca prometió que nos sentiríamos salvados.
15 Feb 2013
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"¿Habrá una segunda oportunidad para salvarse después de la muerte?" Respuesta: Si bien la idea de una segunda oportunidad para la salvación resulta atractiva, la Biblia es clara en que la muerte es el fin de todas las oportunidades. Hebreos 9:27 nos dice que cuando morimos, en seguida enfrentamos el juicio. Así que, mientras una persona viva, tiene una segunda, tercera, cuarta, quinta, etc., oportunidad de aceptar a Cristo y ser salva (Juan 3:16; Romanos 10:9-10; Hechos 16:31). Una vez que la persona muere, ya no hay más oportunidades. La idea del purgatorio, un lugar donde la gente va después de la muerte para pagar sus pecados, no tiene una base bíblica sino que es más bien una tradición de la Iglesia Católica Romana. Para entender lo que le sucede al no creyente después de que muere, vamos a Apocalipsis 20:11-15, donde se describe el “Juicio del Gran Trono Blanco.” Aquí tiene lugar la apertura de los libros, “y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” Los libros contienen todos los pensamientos y obras de aquellos que están siendo juzgados, y sabemos por Romanos 3:20 que “Por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de Él.” Por tanto, todos los que son juzgados por sus obras y pensamientos, son condenados al infierno. Los creyentes en Cristo, por otra parte, no son juzgados por los libros de las obras, sino que sus nombres se encuentran escritos en otro libro – el “Libro de la Vida del Cordero.” (Apocalipsis 21:27). Estos son aquellos que han creído en el Señor Jesucristo, y solo a ellos les será permitido entrar al cielo. Cualquiera cuyo nombre esté escrito en el Libro de la Vida del Cordero, era salvo “antes de la fundación del mundo.” (Efesios 1:4) por la soberana gracia salvadora de Dios para ser parte de la novia de Su Hijo, la iglesia de Jesucristo. Esta gente no necesita una “segunda oportunidad” para salvación, porque su salvación ya ha sido asegurada por Cristo. Él los eligió, los salvó y los mantendrá salvos. Nada puede separarlos de Cristo (Romanos 8:39). Aquellos por quienes Él murió, serán salvos porque Jesús verá que lo sean. Él declaró “Todo lo que el Padre me da vendrá a mí.” (Juan 6:37) y “y Yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de Mi mano.” (Juan 10:28). Para los creyentes, no hay necesidad de una segunda oportunidad, porque la primera es suficiente. ¿Qué sucede con aquellos que no creen? ¿No se arrepentirían y creerían si se les diera una segunda oportunidad? La respuesta es no, no lo harían porque sus corazones no cambian simplemente porque mueran. Su mente y corazón “están enemistados” contra Dios y no lo aceptarán, aún si lo vieran cara a cara. Esto es evidenciado en la historia del hombre rico y Lázaro en Lucas 16:19-31. Si alguna vez hubiera alguien que se hubiera arrepentido cuando se le diera una segunda oportunidad para ver claramente la verdad, sería el hombre rico. Pero aunque él estaba en tormento en el infierno, solo le pidió a Abraham que enviara a Lázaro de regreso al mundo para advertirle a sus hermanos, para que ellos no tuvieran que sufrir el mismo destino. No había arrepentimiento en su corazón, solo lamentaba encontrarse en ese lugar. La respuesta de Abraham lo dice todo: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.” (Lucas 16:31). Aquí vemos que el testimonio de la Escritura es suficiente para salvar a aquellos que creen, y ninguna otra revelación traerá la salvación a aquellos que no crean. Ni una segunda, ni tercera o cuarta oportunidad serían suficientes para convertir un corazón de piedra en un corazón de carne. Filipenses 2:10-11 dice, “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” Un día, todos se inclinarán ante Jesús y reconocerán que Él es el Señor y Salvador. Sin embargo, en ese momento ya será demasiado tarde para obtener la salvación. Después de la muerte, todo lo que le espera al no creyente es el juicio (Apocalipsis 20:14-15). Eso es por lo que debemos confiar en Él en tanto tenemos vida.
15 Feb 2013
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24 Mar 2013
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31 Mar 2013
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Con fotos del último rescate de una patera en Tarifa (Cádiz)
3 Apr 2013
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Fotos de Torrevieja (Alicante)
8 Apr 2013
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21 May 2013
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